El autoservicio, modo de empleo:

En una lavandería autoservicio usted lo hace todo: no hay cita que pedir, ni ropa que dejar y volver a recoger otro día. Llega con su cesto, elige una lavadora adaptada al volumen que va a lavar, pone en marcha el programa y se marcha, casi siempre en menos de una hora, con la ropa limpia y seca.

El interés del autoservicio es la libertad: viene a la hora que le conviene, todos los días de la semana, y mantiene el control del programa, la temperatura y el tiempo de secado. En la Laverie du Burck el local es amplio y luminoso, y el aparcamiento gratuito delante de la puerta hace que la colada resulte mucho menos pesada.

Una visita, etapa por etapa:

Empiece por separar la ropa: blanca por un lado, de color por otro, tejidos delicados aparte y bolsillos vacíos. Reparta después la ropa en el tambor sin apretarla: debe poder moverse para lavarse y aclararse bien. Añada el detergente, el suyo o el de los dispensadores del local, cierre la puerta y elija su programa.

Diríjase después a la central de pago: marque el número de su máquina, pague, y el ciclo arranca solo. Cuando termine el lavado, pase la ropa a una secadora, ajuste el tiempo deseado, pague del mismo modo y recoja una ropa seca, tibia y lista para guardar.

La central de pago, el cerebro de la lavandería:

A diferencia de las antiguas lavanderías, donde cada máquina tenía su monedero, hoy todo se paga en un único terminal: la central de pago. Controla el conjunto de lavadoras y secadoras del local. Usted teclea el número del aparato, paga, y la máquina correspondiente se pone en marcha.

El pago se realiza con monedas o billetes, con devolución de cambio. Las instrucciones están claramente expuestas en la lavandería y, en caso de duda, un cliente habitual suele encantarse de indicarle cómo hacerlo: la ayuda mutua forma parte de la vida de una lavandería de barrio.